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Ricardo
Molina
Ricardo Molina (Puente
Genil, 1917-Córdoba, 1968) ejerció la docencia
en Córdoba, ciudad en la que va a transcurrir
toda su sencilla peripecia vital hasta su
muerte. Poeta del Amor y de la Vida, su
propio cuerpo y su misma alegría de vivir
le sirven de poderoso instrumento para el
conocimiento y comprensión del mundo, en
el que armoniosamente se instala. Frente
a quienes se recrean morbosamente en el
dolor y sacrifican los goces del instante
a una ascética renuncia, llevados por un
pesimismo existencial o una dudosa transcendencia,
Molina opta por los más "terrestres alimentos",
por "el ruiseñor, la rosa,/ la primavera
bella y solitaria", que florecen en los
"prados del mundo"; es decir, por un hedonismo
radiante y asequible, a pesar de las estrecheces
de la existencia cotidiana que le toca vivir:
"estar allí en la vida que latía/ en la
canción del tordo, en el seto florido,/
era bastante. Otra sabiduría/ no quise".
Pero este luminoso epicureísmo con el peso
de los años y las asechanzas de la enfermedad
va a teñirse de un resignado estoicismo,
muy cordobés, ante la adversidad irrevocable:
"La primavera... y yo, triste, sufriendo/
en cada soplo de mi boca/ la indiferencia
inmensa y absoluta/ de la tierra y del cielo"
(Carlos Clementson). |